Kōri Pilsen Nikkei
Pilsen seca con yuzu y jengibre joven. La usamos como base para explicar cómo trabajamos el amargor bajo sin perder estructura: malta pilsner, un toque de trigo no malteado y tres semanas de maduración en frío.
Nuestros estándares no son un documento cerrado. Cada temporada revisamos cómo se comportan las maltas de la zona, cómo responde la fermentación con el agua de Mar del Plata y qué tan bien aguanta cada estilo el paso por el taproom. Estas son las piezas que hoy sostienen la identidad de Mirai Beer y que vas a encontrar en detalle en cada cerveza.
Pilsen seca con yuzu y jengibre joven. La usamos como base para explicar cómo trabajamos el amargor bajo sin perder estructura: malta pilsner, un toque de trigo no malteado y tres semanas de maduración en frío.
Porter oscura infusionada con kombu y bonito seco. Es el ejemplo más claro de nuestra obsesión por el umami: maltas chocolate, centeno y un final largo que sostiene caldos y platos a la parrilla.
Witbier turbia con shiso verde, piel de yuzu y cilantro. Nació de una prueba con pescados grasos y quedó como referencia de cómo tratamos las hierbas frescas sin tapar el cereal.
Si querés ver cómo estos criterios se traducen en recetas concretas, en la sección de cervezas vas a encontrar ingredientes, perfiles y maridajes sugeridos para cada estilo. También podés pasar por el taproom para probar los lotes de temporada antes de que se agoten.
No abrimos una fábrica para llenar estanterías. Abrimos un taller de fermentación en Güemes porque en Mar del Plata faltaba una cerveza pensada desde la mesa, no desde el barril. Cada receta nace después de probar el plato: primero el nigiri, después la malta.
Trabajamos con lotes chicos, entre 400 y 600 litros, y eso nos obliga a elegir. No competimos por volumen ni por medallas: competimos por si la cerveza aguanta un tiradito de lenguado a las dos de la tarde o un tonkotsu a las once de la noche. Esa prueba es la que decide si una receta sale del tanque o vuelve al cuaderno.
Yuzu, shiso verde, kombu, bonito seco, jengibre joven. Nada entra a la olla sin saber de dónde viene y qué aporta al maridaje.
Tres semanas de maduración en frío para las pilsen, guardas más largas para las oscuras. Si hay que esperar, esperamos.
Antes de definir una receta, la probamos con sushi, ramen y platos nikkei. Si no dialoga con la mesa, no sale.
Servimos medidas claras, ofrecemos agua entre rondas y no empujamos la segunda pinta. La cerveza se disfruta, no se acumula.
El efecto que buscamos es simple: que quien se siente en el taproom entienda por qué esa pilsen va con ese sashimi, y que se lleve esa lógica a su casa. La cerveza artesanal no necesita discursos largos, necesita coherencia entre lo que se elabora y lo que se sirve.
Mirai Beer no nació de un plan de negocios prolijo. Nació de una cocina chica en Mar del Plata, de un cuaderno con recetas de ramen anotadas al margen y de la manía de probar qué cerveza aguanta un tiradito sin arruinarlo. Estos son los tramos que nos trajeron hasta la Güemes 2186.
2018
Empezamos con un equipo de 20 litros en un garaje de Playa Grande. La idea era simple: cocinar ramen los domingos y ver qué cerveza lo acompañaba mejor. La primera tanda fue una pilsen demasiado amarga para el caldo. La segunda, una porter sin rumbo. La tercera ya tenía kombu en la maduración y ahí supimos que estábamos en algo.
2020
La pandemia nos dejó sin barra y con tiempo. Fue el año en que dejamos de apurar fermentaciones. Empezamos a madurar la Kōri Pilsen tres semanas en frío, a infusionar kombu en tandas separadas y a anotar cada variable. También fue cuando definimos una regla que sigue vigente: ninguna cerveza sale si no la probamos antes con el plato que va a acompañar.
2022
Abrimos el taproom con seis canillas y una cocina mínima. La carta se armó alrededor de tres estilos: la pilsen cítrica, la porter umami y la witbier herbal. Sumamos mesas comunitarias, porque nos gusta que la gente comparta jarras y probemos juntos qué maridaje funciona. Ese año también empezamos a trabajar con proveedores locales de yuzu y shiso.
2024
Incorporamos una cocina nikkei estable con menú rotativo y empezamos a hacer colaboraciones con cocineros de la zona. La Dashi Porter dejó de ser un experimento y se volvió la cerveza más pedida del invierno. Aprendimos a ajustar lotes según la estación: en verano la witbier sube un punto de acidez, en invierno la porter gana un poco más de cuerpo.
Hoy
Seguimos siendo una microcervecería chica, con producción limitada y sin intención de crecer de golpe. Mantenemos tres principios: ingredientes trazables, recetas que se prueban con comida real y una barra donde se puede preguntar sin vergüenza qué tomar con cada plato. El resto lo decide cada tanda.
Mirai Beer no funciona como una fábrica con turnos rotativos. Somos un equipo chico que se reparte el trabajo entre la cocina, la sala de cocción y el taproom de Güemes. Cada receta pasa por las mismas manos antes de llegar al vaso, y eso explica por qué un lote de Kōri Pilsen puede salir algo más cítrico que el anterior sin que nadie lo considere un error. Trabajamos con margen para ajustar, probar y corregir.
Maestra cervecera
Formada en escuelas de Mar del Plata y Córdoba, lleva once años elaborando fermentaciones frías. Es la responsable de las cepas de levadura que usamos en las pilsen y de los tiempos de maduración en tanque. Su obsesión: que el amargor final no tape el pescado crudo.
Chef nikkei y maridajes
Nacido en Okinawa y criado en Buenos Aires, trabajó diez años en cocinas de sushi antes de sumarse al proyecto. Define qué cerveza acompaña cada plato y prueba cada combinación en la barra antes de aprobarla. También selecciona el kombu y el bonito seco que infusionamos en la Dashi Porter.
Taproom y eventos
Coordina las reservas, las noches de maridaje guiado y los eventos privados en el salón de Güemes 2186. Conoce de memoria qué canillas están activas cada semana y qué lotes conviene guardar para una cata. Si algo se agota antes de tiempo, es él quien avisa.
Once años de oficio
Entre los tres sumamos más de dos décadas de experiencia entre fermentación, cocina japonesa y hospitalidad. Ninguno viene del marketing cervecero.
Lotes de 400 litros
El tamaño nos permite corregir recetas sin perder producción. Si un perfil no funciona con el sashimi, lo reformulamos antes de la siguiente cocción.
Catas abiertas
Una vez al mes abrimos el taproom para probar lotes en desarrollo junto a clientes habituales. Las opiniones de esa mesa pesan en la decisión final.